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Las nuevas instalaciones de Hippie Chic dejaron de lado el look desfachatado y ahora se presentan como algo menos precario y más formal y muestran la evolución que tuvo el local desde áquel carrito lomitero.

Nació en un carrito lomitero de alquiler. Creció debajo de una carpa en medio de contenedores en desuso y con muebles de ocasión. Pese a su look desfachatado, siempre gozo de los favores del público. Y hoy que quiere convertirse en un local gastronómico hecho y derecho,  dejó un poco de lado esa onda hippie que le caracteriza y se concentró en los detalles chic que siempre fueron su impronta. Un caso de éxito muy particular y envidiable.

Para Diego, allá por el año 2011 se estaba poniendo fea la situación económica. Había hecho de todo en su vida y los números no cerraban para mantener a su familia con la dignidad que él pretendía. Estudió Derecho, Administración Agraria y Cocina,  hizo los cursillos de Arquitectura e Ingeniería, administró una estancia durante siete años, pero los años malos de la ganadería, que surgieron con el problema de la aftosa, le hicieron tocar fondo y decidió probar suerte con la gastronomía, habilitando un carrito para vender lomitos.

Su hermana le cedió, por un año, el usufructo de un predio baldío que está ubicado en San Martín esquina Nuestra Señora del Carmen. Y hasta allí, llevó Diego el carrito lomitero que había alquilado. La idea era contratar a un personal que lo atendiera. Pero cuando, por primera vez levantó la ventana del carrito se dio cuenta que en esa intersección de calles había un tráfico infernal, y enseguida entrevió el negocio y decidió explotarlo el mismo, para aprovechar además los tres años y medio de cocina que estudió en el IGA.

“Acá vamos a tener el bar más buena onda de Asunción”, le dijo a su señora y a su amigo Roberto Lim. “Ellos me miraron y me dijeron: que tenés en la cabeza si estamos poniendo un carrito lomitero”, cuenta Diego. “Yo me disfrazaba y era todo un show ir al carrito. Tuvimos un crecimiento vertiginoso los primeros tres meses”, rememora y agrega que allí todo lo que había era el carrito y nada más. Los clientes tenían que sentarse sobre ladrillos apilados con un almohadón. “En el primer fin de semana ya teníamos ocho sillas”, recuerda orgulloso.

Diego
Diego Velázquez, el propietario de Hippie Chic, hoy disfruta del éxito obtenido después de haber pasado las de Caín.

Sigamos con su relato: “Empezamos con camarones y un lomito de lomito que llevaba guacamole, repollo colorado, queso cheddar, muzarella, cebolla caramelizada y aceitunas negras. Teníamos cerveza y caipiriña frozen, vinos, licores, champancito, era algo que todavía no se ofertaba en la calle. Empezábamos a las ocho de la noche y cerrábamos a las seis de la mañana. Era muy sacrificado, no teníamos capital operativo, con los ingresos que entraban a la noche, se hacían las compras en la mañana siguiente. Yo hacía la producción a la tarde en casa y siempre llegábamos justo con el horario”.

“Después nos fuimos equipando poco a poco, con cosas que nos prestaban los amigos y los clientes. Pusimos una alfombra vieja, decoramos con una carpita, poníamos cosas diferentes pero todo estaba montado a la intemperie. Si se venía una lluvia teníamos que salir corriendo a recoger las cosas, todo el mundo corría, nadie pagaba la cuenta. Fue algo muy sacrificado pero era algo que nos gustaba hacer. Al final de la noche, terminábamos tomando con los clientes y después de cerrar cómo nos llevaba una hora hacer el cierre de caja la gente se quedaba hasta terminar”.

Después de 15 días, el carrito no tenía todavía nombre. Daniel decidió convocar a una rueda de amigos para tirar ideas y en una de esas sesiones, uno de los presentes al describir un local que había visitado en el extranjero dijo que el ambiente era un poco hippie pero era chic. De ahí decidieron adoptar el nombre de Hippie Chic porque creían que reunía todos los elementos que tenía el carrito.

“Era por un lado, una comida de la gran p… porque yo usaba los ingredientes que usaba en mi casa, y de repente era un carrito donde te sentabas sobre dos ladrillos encimados y te servían en un plato de cartón. Nuestra filosofía era que lo importante estaba en el contenido no el recipiente. Cuando salimos al mercado éramos tres veces más caros que cualquier lomitero pero todo el dinero que el cliente pagaba lo poníamos en su boca. No gastábamos en vajillería y en otras cosas. Al fin y al cabo vos lo que queres es calidad dentro de tu cuerpo. Y hippie era eso, comida y productos de la gran p… y por otro lado era reciclaje, buena música, era estar en la calle, pero todo de manera balanceada todo tenía su lado bueno y su lado malo”.

la barra
Una de las innovaciones que introdujo Hippie Chic fue la creación de una barra que está manejada por Eduardo Di Natale.

“Teníamos dos ofertas emblemáticas, el lomito de lomito y el volcán de chocolate. Tengo una sobrina que me pidió que le haga el volcán de chocolate. El Piegari era el único restaurante que tenía ese postre, yo lo había aprendido a hacer cuando estudiaba en el IGA. Diez y seis veces hice el postre hasta encontrar la receta ideal. En el día de su cumpleaños fue una sensación así que cuando abrimos el carrito no podíamos dejar de tenerlo en el menú. Tardaba 30 minutos en cocinarse en el pequeño horno que teníamos y la gente esperaba ese tiempo para consumirlo”.

El carrito fue una sensación. Fue equipándose con lo que encontraban y decorando con lo que tenían a mano. Probablemente, hayan sido uno de los primeros en utilizar los pallets para convertirlos en muebles. Hippie chic tenía esa dualidad, por un lado te llamaba a lo suelto a lo liberal, medio desfachatado y de repente te encontrabas con algo elegante, clásico. Atrajo al público joven de los más diversos estratos sociales. Y pronto impuso su marca y un estilo que después se multiplicó en varios locales de Asunción.

Mientras tanto, transcurría el tiempo en que debían mudarse porque iban a dar otra utilización al inmueble donde estaban ubicados. Y la solución la encontraron en sus narices. “Un día mi señora me dice y porque no vemos ese predio baldío que está aquí cerca de casa”, comenta Diego refiriéndose a la propiedad que está ubicada en la esquina de la avenida España y Dr. Bestard que en ese momento estaba en desuso. Un contacto a través de una inmobiliaria amiga les permitió alquilarla y Hippie Chic iba a saltar a una ubicación aún más privilegiada que la anterior.

Así se produjo la segunda evolución de Hippie Chic pero siguió manteniendo la esencia. Al nombre le agregaron el apellido de Soul Food, “comida preparada con y para el alma” y la música reggae comenzó a inundar el ambiente. En noviembre del 2013 abrió sus puertas en su nueva locación exhibiendo algunos progresos y adelantos en materia de equipamientos y muebles. El carrito lomitero cedió su lugar a contenedores y una gran carpa hizo las veces de cobertura o techo para evitar estar al aire libre como anteriormente.

La mayoría de los muebles fueron fabricados por Diego y sus amigos, uno de ellos tenía un depósito de madera y ayudó con los materiales. Un carpintero dio forma a las sillas y mesas y el resto se completó cómo se pudo. “La decoración lo hicimos nosotros, invertimos, pedimos prestado plata y nos jugamos. Gastamos en construcciones, carpa, ventiladores, todo era alquilado, y después empezamos a comprar todo. Tuvimos errores, tomamos capital operativo para financiar la inversión, pasamos las de Caín. La carpa, el piso, los contenedores  fueron lo más caro y pensábamos que allí se acababan los gastos,  pero necesitábamos mucha más inversión, y con lo que ingresaba íbamos invirtiendo. Tuvimos que aprender de cocina, de redes sociales, de la parte legal, de administración y de marketing”.

“Se nos perdían productos, empezamos a diseñar nosotros mismos las boletas de comanda, era un trabajo infernal, tuvimos que aprender de cero, los problemas teníamos que solucionar nosotros, a un mes recién construyeron un baño, teníamos alquilado un Disal, construimos uno precario. Pero vos veías acá a la gente de toda Asunción, cagándose de la risa. Pasando bien”.

Durante ese tiempo Hippie Chic se consolidó cómo local gastronómico y como marca. Incluso en medio de la informalidad del local, muchas empresas serias y formales realizaban allí sus eventos.  Y ya en el año 2016 llega la tercera evolución del local. En marzo pasado se hizo la inauguración de las nuevas instalaciones que presentan numerosas mejoras en relación a las versiones anteriores.

onda surfer
En esta nueva evolución, Hippie Chic optó por una onda playera tipo Surfer de los 60. La música reggae dió su lugar a temas de los beach boys de los años 70.

La estructura del local es mucho más sólida ya que cuenta con algunas construcciones de material, sobre todo en el sector de la cocina y los servicios. Levantaron baños diferenciados para hombres y mujeres. Cuenta con un sector climatizado con capacidad para 40 personas con un techo fijo. Se nota una gran profusión en la utilización de madera ya que ambientaron el local con una onda playera. Tipo surfer de los 60. Y la música reggae dio su lugar a temas beach boys de los 60 y 70. Y los muebles, constituyen mesas, sillas, reposeras, hamacas de fabricación normal.  “Ahora, todo se volvió más cómodo”, nos indica Diego.

Incorporaron una barra. Está a cargo de Eduardo Di Natale cuya empresa es la que presta el concurso de los barman. Se hacen tragos más elaborados y el servicio es mucho más profesional. “Tenemos la colección de ron más grande del Paraguay. Elegimos el ron porque a mi encanta y nadie le da pelota. Todo el mundo prefiere los whiskies caros, vodkas caros pero nosotros como somos un bar playero tenemos ron de 15 procedencias diferentes, botellas que cuestan entre 15 y 150 dólares”.

“Por la organización en general, comodidad, calidad, la barra, la ambientación, la comida, el estacionamiento y ubicación, creo que el local está un poco más balanceado que cuando abrimos. La comida que ya traíamos del carrito siempre fue muy buena pero de repente había cosas que no acompañaban, esto está más balanceado, creemos que ya somos un bar hecho y derecho”.

En esta tercera evolución se amplió la carta, ahora tienen pizzas y varios preparados a la parrilla. Pero son los lomitos los que más demandan tienen. También ahora acapara la atención el bife de chorizo y los brochetas. “La gente hace muchos pedidos al plato, quiere picar, por eso atomizamos las porciones”. Además tienen una oferta variada de ensaladas dónde sobresale una Caprese y la Caesar que lleva a una salsa base de salsa inglesa, anchoas, ajo, mayonesa y panceta. Además de otra ensalada verde que lleva nueces y quesos azul.

Para referencia de precios, podemos anotar que las pizzas tienen un precio promedio de 35 mil guaraníes. El lomito de lomito cuesta entre 42 y 55 mil guaraníes, el bife de chorizo 68 mil, las ensaladas 35 mil. Los tragos van de un mínimo de 25 mil hasta el máximo de 50 mil. En la carta hay ofertas de vino, cervezas y licores. El postre preferido sigue siendo el volcán de chocolate, pero su elaboración ahora lleva solamente 10 minutos.

volcán de chocolate
El Volcán de Chocolate, una especie de buque insignia de la gastronomía de Hippie Chic. Un clásico que todavía acapara las preferencias.

Hippie Chic tiene capacidad para sentar a 150 personas. El sector que se encuentra refrigerado tiene capacidad para 40 personas. Anteriormente tenían una capacidad para 220 personas pero decidieron reducir esa posibilidad para mejorar la atención. Cuenta con un amplio espacio para estacionamiento de vehículos. Sólo abren en horario nocturno de miércoles a domingo, desde las 19:30. Su clientela es muy variada porque concurre personas de todas las edades pero abunda la gente joven.

“Ahora tenemos recursos humanos, se trabaja las 24 horas, hay gente de mañana. Hace cuatro años que estamos abiertos y gracias a Dios la gente siempre nos acompaña, llenamos, la gente se divierte, pasa bien, y nosotros nos divertimos. Ahora nuestro trabajo consiste en hacer relaciones públicas y apagar incendios”, nos dice finalmente Diego.

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