La fachada del restaurante San Miguel, que desde años inmemoriales se encuentra en ese lugar. Hoy festeja los 50 años de administración con la familia Maciel Rojas.
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Fachada del restaurante que da sobre la avenida España. Dónde siempre estuvo, desde tiempos inmemoriales. Casi en frente, donde está la ANDE, en los siglos pasados había un fuerte denominado San Miguel, de dónde el restaurante adquirió ese nombre.

El restaurante San Miguel, desde sus orígenes fue un lugar de recreo. En la década del 80, del siglo XX, era muy concurrido por estudiantes secundarios y universitarios. En 1987, incorporó a su menú las famosas milanesas y tuvo un inmediato éxito que lo marcaron para siempre. Y pese a los constantes cambios de precio, nunca achicaron las porciones.

Desde 1.982, la familia de Ramón Maciel Mendoza (83) que ya era el propietario, se encargó de la administración del restaurante. Y desde entonces comenzaron a fluir al local las barras de estudiantes, sobre todo del Colegio Goethe, quienes apodaron al local St. Michael. Pero también por las noches se veían a barras de adolescentes de otros colegios. A la hora del desayuno eran estudiantes universitarios de Ingeniería y Arquitectura de la UNA los más habituales.

En las noches se veía a los políticos. Al respecto recuerda Don Ramón que era muy pintoresco ver por ejemplo en época de la dictadura de Stroessner, en una mesa a los integrantes del Mopoco, y en la mesa más cercana a los “pyrague”, a los que a veces los del Mopoco invitaban algo de beber o alguna picada.

También en los 80´s el San Miguel incorporó la comida para llevar, “fuimos pioneros y con gran éxito”, asegura María Luisa Maciel de Camperchioli (49), hija del propietario.

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Esta es la parte modernizada y ampliada del restaurante.

En 1987, las milanesas se incluyeron en el menú del San Miguel, adquiriendo una popularidad singular e inmediata. La idea fue de uno de los hijos de Don Ramón que en un viaje a Irlanda  visitó un restaurant especializado en milanesas. Poco a poco se agregaron variedades hasta incluir milanesas de lomo y lomito (de carne vacuna), de pollo, de cerdo, de mondongo, de lomo de surubí, de tilapia, y de lengua.

En el San Miguel se mantienen “las porciones generosas” con cortes de carne de 300 gramos, no de 200 como se acostumbra desde las últimas décadas en otros sitios, y el lema es “se sirve lo que se ofrece”.  “Subimos los precios si es necesario, pero no achicamos nuestra porción”, recalca María Luisa.

Sus orígenes se remontan al siglo XIX

Los orígenes del Restaurante San Miguel se remontan al 1.886. En aquella época, en el mismo lugar donde está actualmente, en España 1.165 existía un Recreo San Miguel, punto de encuentro para el solaz de las familias de entonces.

Según una publicación de la época tenía juegos del sapo, de la argolla, calesita y cancha de bochas y se llegaba en tranvía. Tenían servicio de comidas, almuerzos y banquetes. Su número de teléfono era el 83.

El lugar era propiedad de la familia Torreani Viera. El nombre San Miguel se debía a que antiguamente había un fuerte del mismo nombre asentado donde está ahora la Ande (Av España 1268), establecido para la defensa contra ataques de tribus indígenas hostiles, comenta Roberto Maciel (66) administrador del restaurante.

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Foto histórica. Walter Mandelick y Elena Stern, un matrimonio de origen judío-sueco, que adquirió el Recreo San Miguel, aparece sentado en el medio, franqueado por el matrimonio de Ramón Maciel Mendoza y Elvira Rojas Deggeller de Maciel, junto a un hijo de estos últimos.

El hilo de esta historia se reata en 1.939 cuando el lugar es arrendado por Walter Mandelick y Elena Stern, un matrimonio de origen judío-sueco que luego lo compraron y administraron hasta 1971.

En ese periodo el San Miguel fue almacén y restaurante,  vendía “aceite, querosén, de todo”. En el área culinaria la especialidad era la cocina europea: platos fríos y calientes, salados y dulces. También se mantenían en el menú las pastas a la italiana y estaban presentes el popular bife a caballo y bife coyguá.

Desayunos, almuerzos y cenas se ofrecían en el San Miguel en la década del 40. Una de las atracciones del desayuno era su café con leche servido con pan casero untado con grasa de cerdo, “que cosa rica”, rememora sonriente don Roberto Maciel Mendoza.

En 1971 los Mandelick ya ancianos tuvieron que vender el San Miguel. Entonces llamaron a su amigo Roberto Maciel Mendoza para ofrecerle el local. Don Ramón y su esposa Elvira Rojas Deggeller de Maciel se había convertido en hijos en el afecto del matrimonio europeo.

Ramón Maciel Mendoza compro el San Miguel por dos millones de guaraníes

Ramón Maciel Mendoza compró el San Miguel el 16 de marzo de 1971, por dos millones de guaraníes. Aunque él tenía otros negocios que ocupaban todo su tiempo, quiso complacer a los Mandelicky y continuar el San Miguel.

Los Mandelick se quedaron 6 meses para hacer un traspaso concienzudo del negocio. Doña Elena personalmente enseñó sus recetas y secretos culinarios a la esposa de don Roberto, Elvira Rojas Deggeller, y a Marina Paredes, entonces empleada familiar, quien desde entonces y hasta ahora, es cocinera del San Miguel, comenta María Luisa.

En 1982, los Maciel asumieron directamente la administración del restaurante. Fue la señora Elvira Rojas Deggeller de Maciel, quien encabezó y llevó adelante el proyecto hasta su fallecimiento en 1999.

Hacia los setentas  estaban ya en el menú, el locro, la sopa paraguaya, las empanadas, los merengues con chantilly, el dulce mamón y una gran variedad de comidas que se sumaron a los platos europeos, dice María Luisa. Después incorporaron más  variedades de platos a base de lomito, pescados y la cocina a la plancha.

Desde 1999, es Don Ramón Maciel quien está a la cabeza del San Miguel, asistido por su sobrino Roberto Maciel quien ya había acompañado la administración de doña Elvira.  Posteriormente se modernizó y amplió el San Miguel.

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por Gastro

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