Pedro
Pedro Escobar posando en medio de Whisky House, una bodega boutique donde hay de todo lo que se puede traer a Paraguay en materia de bebidas. También tiene delicateses.

A la vuelta de la esquina, hoy podes encontrar cualquier tipo de bebidas en Asunción. Whisky, cerveza, vino, ere erea. Hay cientos de puntos de venta, supermercados por doquier, bodegas y afines. Pero no siempre fue así. En la última década del siglo pasado nació un local que era el único que tenía de todo. Y hoy por hoy es el mayor centro minorista de ventas de bebidas: Whisky House. Paradójicamente, su propietario, Pedro Escobar es considerado uno de los principales impulsores de la cultura del vino.

Whisky House nació en 1984 en Pedro Juan Caballero, de donde Pedro es oriundo. Con ese nombre buscaba, junto a sus hermanos, atraer al comprador brasileño que consumía ese producto en forma preferente. Los nueve años anteriores trabajó como vendedor en un comercio que se llamaba Casa Ñandutí y allí desarrolló sus cualidades para la venta. Pronto le surgieron las ganas de independizarse. Y para 1991 ya se instaló en nuestra ciudad.

“Yo no conocía Asunción. Lo único que quería es tener una tiendita, tener lo básico y seguir creciendo. Jamás pensé que iba a llegar a esto”, dice humildemente, en medio de su local ubicado en Ayolas casi Palma, rodeado de miles de botellas, de todas las formas y colores. Y de todos los gustos. Ahora también rodeado de numerosas variedades de delicateces, e incluso habanos.

Yo no conocía Asunción. Lo único que quería es tener una tiendita, tener lo básico y seguir creciendo. Jamás pensé que iba a llegar a esto

Whisky House es lo que hoy llamamos bodega boutique. Es una de la más completas y amplias de las que existen en nuestra ciudad. Cuando Pedro y su señora decidieron establecerse en Asunción, se instalaron primeramente en un salón comercial sobre la calle Garibaldi, entre Presidente Franco y Benjamín Constant , cerca del puerto. Claro que antes buscaron en la zona del Mercado Cuatro pero no encontraron un sitio adecuado para el negocio.

Pedro tenía conocimientos en la venta de bebidas, poseía el contacto con los distribuidores y la experiencia del local que tenía con sus hermanos en Pedro Juan Caballero, así que no fue difícil comenzar el negocio en agosto de 1991. Era cerca de fin de año y generalmente los meses de noviembre y diciembre son propicios para la venta. Llegó enero con una disminución importante y en febrero no pasó nada. Ante esa eventualidad, se propusieron con su esposa aguantar hasta junio y si no mejoraba la situación iban a volver a Pedro Juan Caballero, donde les iba relativamente bien.

En marzo, en el peor momento del negocio, llega un francés con una lista de pedidos porque iba a abrir un restaurante en la zona de España y San Martín. A partir de allí ya no paramos. Me acuerdo que vino una señora de Encarnación, y me compró de todo. Ese fue el impulso que necesitábamos”, rememora el inolvidable momento.

la tienda
Whisky, vino, cerveza y bebidas espirituosas. Lo que se ve es apenas una parte de todo lo que tiene para vender. Es una de las bodegas mas amplias y completas de la ciudad.

Dieciséis años estuvo en su local de Garibaldi, hasta que tuvo que mudarse por exigencias del propietario del inmueble. Se instaló cerca, sobre la calle Ayolas, y allí siguió siendo el principal local donde uno podía conseguir la bebida que quisiera. Su fuerte siempre fue el whisky, vendía  como agua El Monje, Vat 69, Caballito Blanco, Ballantines hasta que aparecieron después los de doce años de añejamiento Old Parr y Chivas Regal, así como el Logan y el Buchanan’s. Ahora tiene de todo y de todos los precios como el Johnnie Walker que cuesta como 5.000 dólares.

“Siempre fui partidario de buscar lo que no había en plaza para marcar la diferencia, eso me valió muchísimo, buscaba todo lo que no había. Nuestra gente solo estaba acostumbrada a vender lo clásico, no se animaba a traer cosas diferentes, por eso salí adelante. Traía marcas diferentes, en botellas de cerámica y porcelana que hoy ya no existen más. Los domingos recorría los supermercados y si encontraba una o dos botellas compraba todo eso. Ese era mi trabajo”.

Pero a pesar de que su negocio se llama Whisky House y su atractivo inicial era la venta de whisky, Pedro Escobar es reconocido como uno de los precursores y propulsores de la cultura del vino. “Me siento orgulloso cuando escucho que dicen eso”, señala.  Y cuenta “cuando comenzamos había 20 marcas ahora hay 600 marcas”, todas las variedades de cepas, y procedencias se puede encontrar en Whisky House. Tiene casi todos los vinos que se importan en Paraguay, y muchas veces gracias a su iniciativa se trajeron etiquetas que no se vendían en nuestro mercado.

Cuando comenzamos había 20 marcas ahora hay 600

Ese fue el caso de Luigi Bosca. “Fui el primero en traer ese vino. Conocí el producto a través de un amigo que me pidió. Yo no conocía y sin embargo estaba reventando en Buenos Aires. Apunté el nombre y lo hice traer. Así, hay cosas que busco hacer para satisfacer a los clientes”, relata. En medio de tantas bebidas nos confesó que el vino es su preferida. “De jovencito me gustaba el vino y aprendí mucho porque me llamaba la atención porque los brasileños pagaban tan caro por esta bebida. Siempre me hacía esa pregunta y con el tiempo cuando tuve la capacidad de tomar algo bueno comprendí porqué lo hacían. En mi condición, no tenía forma de comprar ni medio centímetro de vino. Sin embargo, ellos gastaban un dineral”.

Whisky House es lo que podría decirse, un negocio atendido por su propio dueño. “Desde un comienzo nosotros mismos atendíamos y eso le gustaba a la gente. Me gusta relacionarme con los clientes, me da placer hablar con ellos, explicar, aconsejar,  más que nada para tratar de establecer un vínculo de amistad”. Así a lo largo de este tiempo, la gente más conocida de Asunción pasó por el local, entre ellos ministros, periodistas, políticos, empresarios. Sin olvidar que muchos extranjeros también pasan por allí.

Pedro es un mimado por las empresas importadoras de bebidas. Realizó 14 viajes al exterior a invitación de dichas empresas. Conoció trece países distintos. Estuvo en España, Francia, Italia, Estados Unidos, Escocia, Argentina, Uruguay, entre otros. Para él todos esos viajes “fueron maravillosos y  nunca pedí nada a nadie. Y eso no tiene precio, me llevaron al mundo que más me gusta, nunca esperé nada a cambio de lo que estoy haciendo. Pero pienso que es por algún mérito”.

Pedro no está sólo en su trabajo. Le acompaña todos los días en esa tarea, su esposa Ema Salinas. “Trabaja conmigo las 24 horas del día, es mi soporte, mi sostén, coordina todo, me cuida, es toda una experta y evita cualquier improvisación”.  Ahora, la única hija del matrimonio, Nadia dejó a un lado su licenciatura en francés para estudiar la carrera de sommelier a fin de tomar la posta en Whisky House.

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