Un buen restaurante y origen de un imperio

14 enero, 2021

Talleyrand para restaurantes

Con la publicación de esta nota terminamos hoy la reproducción de los articulos que el diario ABC publicó en 1978 bajo el título La cena fuera de casa. Hoy nos enfocamos en un restaurante que todavía existe hasta hoy día y probablemente se mantiene tal cual era. De allí nació una empresa familiar que se convirtió en un verdadero imperio gastronómico, siendo una de las empresas más importantes del ramo.

«Un lugar discreto, con buena comida, excelente servicio aunque, lógicamente, caro, es “Talleyrand”, restaurante francés situado sobre la calle Mcal. Estigarribia, en donde la sobriedad y el buen gusto van de la mano. El cliente puede optar entre varios tipos de comidas –algunas de ellas son especialidad de la casa- así como probar algunos postres no muy comunes en nuestro ambiente.

La calle Mcal. Estigarribia, entre EE.UU. y Tacuarí, no tiene mucho tránsito por la noche y el lugar se presta para los restaurantes que necesitan tranquilidad y ausencia de ruidos molestos. Allí se encuentra el restaurante francés “Talleyrand”, que posee un local característico, adecuado a los propósitos de la casa, cuenta con un pequeño bar, un salón menor y otro mayor, en donde están distribuidas las mesas en forma esparcida.

La casa tiene acondicionador de aire central, la limpieza del local es rigurosamente mantenida por los dueños, respirándose un ambiente de pulcritud. El mobiliario del restaurante tiene también un estilo francés, las mesas y sillas son acolchadas, lujosas, acordes con el lugar.

Merece una mención especial la decoración de los pasillos y salones, las paredes exhiben muestras de armas antiguas, sables, vetustos utensilios o instrumentos de trabajo, o bien figuras artesanales, imágenes de plata o cobre, platos con paisajes o diversos apliques decorativos de pared. Los elementos decorativos abundan aunque sin caer en la exageración.

Comparativamente hablando, en relación a otros restaurantes y parrilladas de Asunción, el “Talleyrand” es de dimensiones reducidas y no es raro que si algún cliente llega tarde se encuentre ya sin ubicación posible. Pero eso no preocupa a los dueños del local, que al parecer buscan una clientela selecta, ante que masiva.

SERVICIO ESPECIAL

La atención de los mozos es de primer orden en el “Talleyrand”, el jefe de mozos presenta los bocaditos de entrada que son gentileza de la casa y luego ofrece la carta y recibe el pedido de los clientes. Otro mozo se encarga de traer las bebidas o los platos pedidos, en tanto que un tercer mozo se encarga de retirar las copas, platos o utensilios diversos después de ser utilizados. Los tres mozos no pierden de vista la mesa del cliente, aunque sin hacer notar su presencia en forma insistente o demasiada cercana.

Los mozos lucen una vestimenta especial, con chaleco largo en base a tela bordada color verde mar y con moños de la misma tela, aunque en color blanco, los mismos actúan con eficiencia y corrección.

La mesa está preparada de acuerdo a las más estrictas normas de urbanidad, las comidas y bebidas también se sirven como las reglas lo prevén, la vajilla es fina, los manteles y servilletas son de hilo con bordes vainillados. El lujo y el buen gusto se extienden también a los servicios higiénicos del local. Los baños, tanto de caballeros como de damas –cuentan con todos los elementos: papel, jabón, toallas, espejos, desodorantes de ambiente, etc

COMIDAS Y PRECIOS

Siendo un restaurante de lujo y en cierto modo exclusivo, es de esperar que los precios también sean de lujo, es decir, caros. Antes de empezar con las entradas se ofrece al cliente algunos aperitivos o cócteles varios, cuyos precios siempre están por encima de los 200 guaraníes.

En el campo de las entradas, el cliente tiene mucho que seleccionar, pudiendo hacerlo entre el clásico, jamón crudo o cocido con melón, el tomate relleno con atún, la mayonesa de aves, el palmito con salsa golf o un huevo a la rusa, este último plato consiste en una base de ensalada rusa, tres rodajas de huevos y dos clases de caviar, más algunas tiras de lechuga.

Yendo a los platos de fondo, la variedad es grande. Enumerar todos los platos sería largo, citemos sólo unos cuantos: pollo Talleyrand, pollo a la portuguesa, pollo al curry, langostinos, mariscos, pato a la naranja con puré de manzana, canelones a la humita, canelones a la Rossini, surrubí Talleyrand, surubí a la romana, Chautebriand de lomito, arroz a la valenciana, omelet de espárragos, y diversos tipos de pasta.

Los platos de entrada cuestan de 300 a 500 guaraníes, en tanto que los platos de fondo tienen precios que van de los 400 a 900 guaraníes.

En cuanto a postres, la oferta se reduce un poco, pero hay helados, torta helada, charlot, pera a la belle Helene y los codiciados crepes suzettes (panqueques), estos últimos son preparados por el jefe de mozos delante del cliente, constituyendo esto un atractivo adicional a los no habituados al lugar, su precio es de 480 guaraníes.

La oferta de bebidas es muy variada, el restaurante ofrece una carta especial de vinos de toda procedencia, resaltando los argentinos, chilenos, portugueses, españoles, alemanes, franceses e italianos; también se ofrece todo tipo de licor, whisky y champaña.

Por ser el local discreto y exclusivo, el ambiente es bueno para la conversación íntima de los comensales, para el diálogo reservado de políticos o ejecutivos, incluso para el mutuo acaramelamiento de los enamorados.

El “Talleyrand” se presta a recomendaciones siempre y cuando los comensales tengan la billetera un poco abultada, pues una simple cena de dos personas, con entrada, plato central, postre y vino argentino cuesta alrededor de 3.500 guaraníes. Como se nota, comer bien en un buen local, demanda también una buena suma de dinero».

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