Buscan “salvar” a la Chopería del Puerto

6 abril, 2020
colon y palma

Foto de archivo (2015) de la Chopería del Puerto. Llegaban ya a la esquina de Colón. Hacia abajo iba hasta Garibaldi. Ahora, cerrada por el coronavirus fue puesta a la venta.

Mario, a sus 74 años, ya no tiene la voluntad para seguir en el negocio de la noche asuncena. La pandemia del coronavirus le obligó, como a todos, a cerrar su local y sabe que cuando se reanuden las actividades la recuperación va a ser ardua, lenta y trabajosa. Por eso lo puso a la venta, con el convencimiento de que el precio debe ser una oferta. Y con la intención de que el lugar siga siendo un ícono en el centro de la ciudad y que se mantengan los puestos de trabajo.

Pasaron ya, más de 20 años desde aquel junio de 1998 cuando se inauguró la Chopería del Puerto, en Palma entre Colón y Garibaldi. Mario, durante dos décadas, fue gerente del Hotel Armele y conocía bien el lugar, en dónde en esa época no volaba ni una mosca. Nadie invertía un mango para desarrollar allí un negocio gastronómico.  Pero él sabía, que lugares así existen en todos los puertos del mundo.

“Traté de convencer a mis amigos, para crear un polo allí, algo turístico que llame mucho la atención con cuatro o cinco locales. Todos me dijeron que no. Que la idea no iba a funcionar” recuerda Mario.  La oportunidad se dio cuando la dueña del Café Brasil le ofreció su local en alquiler.  Allí nació la Chopería del Puerto, en el salón pegado a la esquina de Palma y Colón. Y lo llamó así porque en ese entonces no quedaba bien ponerle de nombre cervecería, todo lo contrario de ahora.

El concepto gastronómico era servir chop bien frío. Siempre iba acompañado de abundante pororó de gentileza. Tenían un amplio servicio gastronómico. “Llegamos incluso a poner mariscos en el menú, pero nadie lo pedía”, comentaba Mario.  Al comienzo el local era puertas adentro, luego comenzaron a sacar sillas a la vereda. Enseguida, para agrandarse, alquilaron el salón contiguo y luego fueron alquilando los salones siguientes hasta llegar a la esquina de Garibaldi, con la idea de disponer libremente de los espacios de vereda, que fue cubierto con un toldo permanente.

El otro concepto fundamental del negocio, fue la música. Casi en el extremo de Palma y Garibaldi improvisaron un escenario, por donde desfilaron sinnúmero de artistas a lo largo de estos años.  “Se iban a cantar por gusto, yo no les pagaba, era el único lugar bohemio que existía”, recuerda. Y resultan llamativos, los cientos de mensajes de agradecimientos que Mario Moguilner recibió en el Facebook de la Chopería de parte de los artistas que pasaron por ese lugar.

Pero en cuánto a la música, hubo otro componente muy importante. El karaoke. La Chopería fue uno de los locales que popularizó esta práctica. En uno de los salones comerciales que fueron alquilando en la cuadra, habilitaron un espacio para los amantes de la modalidad. El ambiente era totalmente cerrado, aire acondicionado y buen sistema de sonido. Los que estaban adentro no sentían ninguna molestia con los sonidos de los que actuaban afuera. Y los que estaban afuera, ni sentían lo que pasaba adentro.  Ambos ambientes coexistían sin problemas y con mucho éxito.

Un éxito que acompañó al proyecto desde sus comienzos. “Duro muchos años, agarré la cola de Itaipú, y después de a poco, se convirtió en uno de los diez lugares más tradicionales del país, la mayoría de los turistas conocían la Chopería del Puerto, era el único lugar donde la gente grande podía divertirse sanamente. Había padres que venían con sus hijos jóvenes”, nos cuenta y damos fe de su aseveración.  En aquellos años era típico dar una vuelta por el centro en vehículo (no había otro lugar adonde ir). Eso implicaba ir por Mariscal Estigarribia, desde la Plaza Uruguaya y seguir por Palma hasta 15 de Agosto. Más allá ya no había casi luces ni vidriera que mirar. Pero desde que la Chopería del Puerto comenzó a congregar público y llenar la vereda, el trayecto del paseo se prolongó hasta esa zona.

Pero, todas las historias tienen un pero. No todo fue color de rosas. Lo peor llegó cuando el entonces intendente de Asunción Enrique Riera promulgó una ordenanza en el año 2003 por la cual se restringía el horario para la venta de bebidas alcohólicas y se estableció un horario para el cierre de los locales nocturnos. Esa medida fue un golpe letal para la noche asuncena y varios negocios para eludirla se mudaron al municipio de Fernando de la Mora. La Chopería del Puerto quedó herida de muerte, más aun considerando que atendía durante las 24 horas. Cuando Evanhy asumió como intendente de Asunción en el 2007, levantó la medida y el negocio volvió a florecer.

“Cuando pasó el tema del horario me fui recuperando y es como si la Chopería tuviera algo especial, pero ahora me doy cuenta de que forma influyó en la vida de las personas. Es increíble la cantidad de mensajes que recibimos en el Facebook, las palabras de agradecimiento que nos dan”, dice Mario sorprendido.  Lo más común que vimos es que allí se formaron sinnúmero de parejas.

Lo cierto es que a pesar de todo eso puso su local a la venta.  “Estoy cansado, pero estoy entero. Pero hasta cuándo va a durar esta situación, va a tardar cuatro o cinco meses en recuperarse, me va a volver loco. Esto del coronavirus me hizo pensar mucho, fue todo muy lindo, trabajé toda mi vida de noche pero no soy un bohemio. Hasta cuándo puedo seguir,  tengo la edad de un viejo y en este momento de mi vida ya no me interesa continuar”.

“Vivía tranquilamente de la chopería, no es un negocio para hacerte millonario de golpe, pero si la situación se normaliza y alguien tiene más o menos la misma idea que tuve yo, mejor o peor, igual va a trabajar bien. No quiero cerrar definitivamente, solo quiero retirarme, quiero que alguien siga, por eso lo ofrezco súper barato”, nos dice pero elude dar un monto acerca del precio.

Mario está separado, tiene cuatro hijos y tres nietos. Dos hijos son de un primer matrimonio y dos del segundo. El menor, Samuel, tiene 26 años y fue quién nos hizo el gancho para esta nota. Todos ellos hicieron su vida propia y si bien en algún momento de sus vidas participaron en el funcionamiento de la Chopería del Puerto, ninguno abrazó el negocio del padre. “Todos están en lo suyo”, dijo finalmente.

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