En frente el río, al fondo el Puente Remanso, una vista desde el restaurante Manguruyu. A la noche, las luces del lugar y las del puente brindan una fisonomía casi mágica al paisaje. De día predominan las familias y los grupos de amigos; de noche, las parejas.

El viejo restaurante Manguruyu desapareció bajo las aguas del Rio Paraguay, en Chaco’i  durante la gran inundación del 2015. Trató de sobrevivir durante algún tiempo en tierra firme pero no tuvo éxito. Hace pocos meses, el año pasado, reapareció unos kilómetros aguas arriba, en las inmediaciones del Puente Remanso y desde allí está tratando de reflotar su vieja fórmula: platos de pescados y una gran vista para disfrutar.

Está instalado dentro de la Naútica Amarras, una gran guardería de embarcaciones situada en Mariano Roque Alonso, a la que se llega ingresando en la doble avenida que nace a la izquierda, en la cabecera del Puente Remanso.  Tras unos 1.000 metros por esa arteria se llega hasta la Plaza España y desde allí se toma el camino de la derecha que conduce directamente a la costa del rio.

En el interior de la Naútica Amarras construyeron un espacio destinado a un servicio gastronómico. Un salón cerrado y climatizado, incluyendo una barra y baños modernos. El cerramiento es de vidrio lo que permite visualizar todo el entorno. En el exterior, hay corredores techados y una terraza, con varios niveles que da frente al río. El área está muy bien arbolada y es suficiente protección contra los rayos solares.

Todo el conjunto tiene orientada la vista hacia el Puente Remanso, que se puede apreciar en toda su magnitud. Fue edificado en una altura de modo que Manguruyu ya no corre peligro de desaparecer con otra crecida, aunque tenga el río a sus pies. La vista del lugar es muy atractiva, desde cualquier sector del local uno tiene una visión completa del rio y del puente. Nosotros lo visitamos a la hora del almuerzo, pero los mejores momentos se viven al atardecer y a la noche, cuando la iluminación del puente y su reflejo en el agua crean sensaciones especiales.

2.
Asi luce Manguruyu, mirado desde el rio. Una terraza, con varios niveles un corredor bajo techo y un salón climatizado que se percibe al fondo detrás de los vidrios. Una frondosa vegetación cubre totalmente el lugar en pleno mediodía.

El restaurante Manguruyu presta servicios a la Naútica Amarras porque allí hay mucho movimiento de personas que embarcan y desembarcan. Algunos se aprovisionan para sus travesías por el río. Atiende también al público en general pero previa reserva. Se abre de jueves a domingo desde las 12:00 y se cierra, el jueves a las 18:00, los sábados y domingos a las 22:30 o a las 24:00 según la concurrencia. Los domingos cierran a las 19:00.

El concepto gastronómico es de cocina a base de pescados. Ofrecen desde el tradicional caldo de surubí, pasando por las romanitas y la milanesa. Hay también chupín y cazuela de surubí, pacú al horno y tilapia grillada. Y para variar tienen bife de chorizo y picaña al ajo. Sobre pedidos o para eventos preparan dorado y pacú a la parrilla. Así como carnes vacunas. Los precios en general son bastante accesibles. Lo más caro que vimos fue la picada Manguruyu, que lleva romanitas, milanesitas y bichos de mar, que cuesta 100 mil guaraníes así como los Mejillones a la Chalaca. Papas, arroz y lechugas son los principales ingredientes de las pocas guarniciones que aparecen en la carta.

De tomar. Lo de siempre. Manguruyu pone el énfasis en los tragos, que son todos clásicos y en sus tradicionales sangrías. Está la Manguruyu (Carta Nevada Freixenet Demi Sec, Triple Sec y frutas de estación), que es la más cara y la clásica que se elabora con vino tinto, rodajas de naranja, limón, jugo de naranja y azúcar. Y por supuesto las más variadas marcas de cerveza.

3.
Un ceviche mixto. El lugar se caracteriza por la oferta de platos de pescados, sobre todo de aquellos que predominan en nuestros ríos: surubí, pacú y dorado. Hay también bichos de mar.

Cuando nació Manguruyu en el 2014, fue uno de los proyectos gastronómicos más originales y pintorescos. Estaba ubicado en el Puerto de Chaco-i, frente al puerto de Asunción, al otro lado del banco San Miguel.  Se instaló en una modesta construcción del lugar que acondicionaron para tal efecto. Tenía una pequeña playa. La gente llegaba hasta allí en botes propios, por tierra dando la vuelta por Puente Remanso y utilizando los botes de pasajeros que hacían la ruta entre Asunción-Chaco’i.  De noche había un servicio especial de estos botes y el viaje era toda una delicia porque permitía apreciar a Asunción desde una perspectiva poco común. Mirá aquí.

5.
Un clásico de la casa constituye la milanesa de surubí. Las romanitas también muy solicitadas. Hay caldo, chupín y cazuela.

Su creador, Alex Bogarín, quería imitar a los bares de playa que seguramente vio en Ibiza, España donde estuvo viviendo. La crecida del río se encargó de desbaratar todo el proyecto. Toda la construcción y la playa quedó bajo agua. Manguruyu trató de sobrevivir en tierra firme y se instaló en el último piso de un hotel sobre 25 de Mayo. No fue lo mismo, aguantó un tiempo y para desgracia Alex tuvo que enfrentar, su separación, la muerte de sus padres así como problemas de otra naturaleza. Y de Manguruyu solo quedó el nombre.

Repuesto de aquello, Alex reincide ahora con el viejo proyecto. Sin peligro de que la inundación lleve todo por delante, rehízo no solo su negocio sino que además su familia (se unió a Patricia Lubian) y como muestra de ello, los postres del nuevo Manguruyu, llevan los nombres de los hijos de la pareja: Pacita (Brownie con helado), Matute (Crema catalana), Eze (Flan de leche condensada), Nico (Tres Leches) y Emmita (Panacota de Frutilla).

Las luces que se proyectan sobre las aguas del río corresponden a la iluminación del Puente Remanso que queda oculto en la oscuridad de la noche.
Las luces que se proyectan sobre las aguas del río corresponden a la iluminación del Puente Remanso que queda oculto en la oscuridad de la noche.
Si te gustó el contenido, compartilo :)

Deja una respuesta