La importadora local Frutos de los Andes presentó días pasados los nuevos vinos de su portafolio pertenecientes a la Bodega argentina del Fin del Mundo cuya propietaria Juliana Del Aguila Eurnekian estuvo en nuestra capital para destacar las especiales características de los vinos de la Patagonia. Ella, es también propietaria de una bodega en Armenia, donde se especula que tuvo inicio la producción del vino. Combinación de modernidad y clasicismo.

Pero vayamos por parte, Frutos de los Andes es una de las principales importadoras de vino en nuestro país, en su portafolio figuran etiquetas tales como Catena Zapata, Escorihuela Gascón, Pisano, El Enemigo, Altos Las Hormigas, Alfa Crux, Benegas, Lapostolle, entre otros y ahora se suma Bodega del Fin del Mundo, una de las más australes en todo el mundo y pionera en la producción de vino de la Patagonia.

Bodega del Fin del Mundo se encuentra en San Patricio del Chañar, en la Provincia de Neuquén, casi en el límite sur del planeta Tierra, apto para el cultivo de la vid. El terreno es seco, desértico y bañado por fuerte vientos y por las aguas del rio Neuquén. La diferencia de temperatura ente el día y la noche produce una amplitud térmica de unos 20 grados, lo que produce uvas con pieles más gruesas y en consecuencia vinos más coloridos y aromáticos. Y el viento contribuye a la sanidad de la vid.

Juliana Del Aguila Eurnekian, propietaria de la bodega del Fin del Mundo presentando sus vinos durante un evento realizado en el restaurante Maurice.

“Nuestros vinos tienen un delicado equilibrio entre azúcar y acidez. Las uvas blancas nos regalan vinos etéreos y aromáticos, mientras los tintos son robustos y expresivos”, comentaba Juliana al referirse a sus vinos. El objetivo es que expresen el espíritu y la esencia de la tierra patagónica. “Todos revelan un estilo definido y equilibrado entre el clasismo y la modernidad”, agregó luego.

Los vinos del Fin del Mundo tienen una directa y estrecha relación con los orígenes del vino. El hilo conductor es Juliana Del Aguila Eurnekian, quien también es propietaria de la Bodega Karas, ubicada en Armenia, una nación de antiquísima tradición vitivinícola. Y cerca de esta bodega, en los montes Ararat, se hallaron vestigios de ánforas para vinos que datan de 6.200 años A.C. A eso hay que sumar la leyenda bíblica que recuerda que cuando el arca de Noé tocó tierra cuando acabó el diluvio, lo hizo en los montes de Ararat, y allí comenzó a plantar uvas. Por todo esto es que ahí se sitúa el lugar donde originó del vino.

Juliana es la sobrina de Eduardo Eurnekian, un importante y acaudalado empresario argentino cuyos antepasados armenios emigraron de la guerra hacia el país sudamericano. Cuando Armenia recuperó su independencia luego de la desaparición de la Unión Soviética, Eunekian, para ayudar a la recuperación económica del país de sus antepasados compró tierras y luego allí decidió invertir en la viticultura. Ese emprendimiento dejó a cargo de su sobrina.

La bodega Fin del Mundo es el principal productor de vinos pinot noir en la Argentina y una de las mejores expresiones del citado varietal.

Juliana, cuenta actualmente con 36 años, es psicóloga y sommelier con estudios realizados en Buenos Aires y con el asesoramiento de Michel Rolland se puso al frente de la bodega en Armenia. Luego de adquirir experiencia, desde el lugar donde presumiblemente se originó el vino dio un salto al otro lado del mundo y desembarcó en la bodega del Fin del Mundo. Así la tradición se enlazó con la modernidad.

Pasa sus días entre Argentina y Armenia, administra un negocio enfocado a producir vinos de alta calidad liderando el camino hacia prácticas sustentables y generando un impacto positivo en la comunidad y el medio ambiente. La Bodega del Fin del Mundo posee tecnología de vanguardia que combina técnicas de vinificación tradicionales y un respeto por la naturaleza.

Señaló que eso les deja en un lugar privilegiado para crear vinos distinguidos y originarios de los terruños más australes del mundo. “Queremos que nuestros vinos cuenten un paisaje y una historia. Son hijos del viento y del desierto. Cada uno de nuestros vinos contiene el espíritu y la esencia de la tierra patagónica”, según resalta la filosofía de la empresa.. Cuenta con un equipo de profesionales con experiencia internacional que sumado al equipamiento de última generación se combinan para producir vinos de alta calidad.

Tiene una producción de 10 millones de litros al año, con 800 hectáreas propias de viñedos, siendo el principal productor de la Patagonia. Cultiva variedades como Malbec, Cabernet Sauvignon, Pinot Noir, Chardonay y Torrentes. Tiene varias líneas de vinos, desde los Varietales, los Reserva, los Blends y los vinos espumantes. Es el mayor productor argentino de vinos Pinot Noir y uno de los mejores en este varietal. Su vino Malbec le agrega una nueva versión al tradicional Malbec argentino: el Malbec Patagónico. Sus blends dan mucho para hablar y los espumantes no quedan atrás.

Durante la presentación de Frutos de los Andes, realizado en el restaurante Maurice, los invitados tuvimos la oportunidad de apreciar las características de esos vinos tan afamados. La degustación incluyó la cata de un espumante extra brut, un reserva Chardonnay, un reserva Pinot Noir, una Grand Reserva Blend  (Cabernet Sauvignon, Malbec, Cabernet Franc y Merlot), un single Vineyard Malbec y un Special Blend (Malbec, Cabernet Sauvignon y Merlot) ícono de la bodega.

Una mención especial para el restaurante Maurice que propuso un maridaje que comenzó con un antipasto y siguió con: Trufas de salmón con sésamo y salta thai, Mini Burger con queso cheddar y cebollas confitadas, Arancini de hongos y parmesano con sésamo crocante y kaftas de cordero con salsa de chogur y menta.

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