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Alicia Sosa, alias Alicia Wine, posa aquí ante una estantería de su vinoteca. Un lugar donde ella se siente de maravillas.

Varias noches pasó llorando desconsoladamente en su cama abrumada por las obligaciones y el  incierto futuro del negocio que había emprendido. Pero todos los días se levantó dispuesta a dar la batalla. Ahora ya no llora pero sigue dando batalla. Pasaron ocho meses y el panorama es más alentador. Tiene a su favor que ha pasado la tormenta, cambió el clima y sobre todo tiene a favor la inmensa pasión que pone para vender sus vinos.

Alicia Wine, que así se le conoce a nuestra heroína, sonríe cada vez que abre su pequeña enoteca. Ahora es un poco más grande, tiene más botellas. En el barrio, todos ya la conocen y tiene muchos clientes que vuelven para repetir las compras. Pero no siempre fue todo color de rosas. Tuvo que vérselas sola en un negocio donde dominan los hombres. Invirtió todo su capital sin más bagaje que el exagerado optimismo que tenía y esa pasión que siente por la comercialización del vino.

Esta historia se remonta a años atrás, cuando por razones sentimentales tuvo que viajar al Brasil. Si bien tenía un grado universitario no podía ejercer en dicho país porque debía revalidar su título y así en medio de trabajos ocasionales decidió estudiar en la prestigiosa Asociación Brasileña de Sommeliers en la ciudad de San Pablo.

Cuando promediaba su curso de dos años, ya sentía deseos de volver al país. La relación sentimental que la llevó hacia otros rumbos se había roto y se incrementó el deseo del retorno. “Yo veía en internet lo que decía la gente y el desarrollo que tenía el tema del vino. Comencé a pensar que podría abrir aquí una tienda de vino”, recordó Alicia.

“Todos me decían que no, por el clima en Paraguay, la gente te decepcionaba, yo conozco, yo sé lo del clima les decía, veía como hablaba la gente, empecé a creer en mi proyecto. Cuando volví a Paraguay buscaba un lugar donde solo se pudiera comprar vino, una bodega, solo de vino, y no había. En los supermercados había solo una estantería y lo demás era todo destilado”, sigue diciendo.

Comentó su planes con los amigos pero todos le decían que no iba a funcionar, entonces se decidió a lanzarse sola. “Cuando empecé, hubo gente que me llegó a decir, te damos dos meses, hoy estamos cumpliendo ocho meses, casi nueve”.  Encontró un local que se ajustaba a sus pretensiones y comenzó sus contactos con los importadores, repartió tarjetas a diestra y siniestra y fue en ocasión de la Expo Vino del 2013 cuando inició su relación con los futuros proveedores. Y el 3 de setiembre del 2013 abrió su enoteca.

En los comienzos, se preparaba para las fechas festivas más importantes, Día de la Primavera, Día de los Enamorados, Día de la Madre, Navidad, Año Nuevo, pero luego entendió que las promociones y actividades para motivar las ventas debían realizarse durante todo el año. Así empezó a hacer charlas, catas, degustaciones, y ahora incluso vende vinos por copas pero sólo de aquellas botellas previamente acondicionadas a la temperatura ideal.

Alicia Wine es una vendedora encantadora. Aprecia en grado sumo la posibilidad de aprovechar sus conocimientos sobre esta bebida para aconsejar la compra a sus clientes. Le brillan los ojos cada vez que algún cliente entra a la tienda, no sólo por la posibilidad de la venta sino por la oportunidad de acercarse a alguien, escuchar y aconsejar de acuerdo a los gustos, necesidades y posibilidades de quienes recurren al local.

Nos contó que siempre venía un señor acompañado de su esposa. El tomaba vino pero ella no, por más que insistía en tratar de convencerla. Alicia, que alcanzaba a escuchar la conversación nunca intercedía hasta que el caballero comentó con ella que la pelea con su señora era que él se sentaba en el patio a tomar vino, mientras ella miraba en la sala la televisión. Y se sentía muy triste por ello. Alicia le ofreció entonces a la mujer que probara un vino, “no me acuerdo si era un carmener o un pinot noir” rememoró. “Sabes que el señor vino al otro día, fiesta me hizo, le encantó el vino a su señora. Por fin estoy feliz, me dijo. Eso dio gusto”, agregó con una gran expresión de satisfacción en el rostro.

No es necesario estirarle de la lengua para que nos hable de sus experiencias.
“Lo que me estaba pasando es que la gente cree que es un lugar caro, yo tengo vinos a partir de 35 mil guaraníes, son inevitables, porque son unos vinos dulces, son agradables. Ahora por ejemplo, con una nueva estrategia, voy hacer la selección de unos cinco vinos, de menos de 50 mil guaraníes y después todos van a ser para arriba”.

“Hoy,  luego de ocho meses, descubrí que lo que me mantuvo son los vinos de hasta 100 mil guaraníes, y está el grupo específico, que compra vinos más caros  de hasta 500 mil guaraníes. Los vinos más caros que vendo en la tienda son el Alma viva  (1.100.000 guaraníes) y el champagne Don Perignon (1.400.000 guaraníes)”.

“Mi público era de 30 para arriba, pero está entrando gente entre 20 a 25 años, jóvenes que se están iniciando en el mundo del vino”.

“Cuando yo hice mi compra inicial, yo no hablaba con nadie, nadie me asesoró, yo sola hice las compras, hay etiquetas que nunca vendí”.

“Vendo 5 mil más caro que los súper, yo no consigo los descuentos que ellos obtienen gracias a su volumen de compra. Además si venís aquí es porque no querés ir al súper, la gente no quiere ir al súper a empujar carritos, formar colas para la caja. Además está nuestra experiencia, dentro de lo que sabemos algo de vino podemos asesorar”.

A la hora de comprar un vino la primera referencia que tienen los clientes es el país de procedencia. “Están todavía con los vinos de Argentina y Chile, que son los que predominan, pero después cuando vuelven me animo a mostrar otras cosas”.  También tiene vinos de Italia, Francia, Australia, España, Estados Unidos y Sudáfrica. Tiene vinos blancos, rosados pero los que más predominan son los tintos, sin dejar de ofrecer espumantes, champagnes y jerez.

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Vista general de la tienda. Foto extraída de la página oficial de facebook de Mr. Vino

¿Cuál es tu vino estrella?

La pregunta desacomada un poco a Alicia Wine. Es que ella anda en buenas relaciones con todos los proveedores y piensa que cualquier mención de marca podría incomodar a algunos. Sin embargo, no puede dejar de mencionar algunos aspectos de su experiencia en la venta. Y sin ningún orden de prelación deja escapar frases como “los vinazos de Andina”, “Frutos de los Andes, se vende solo”, “los champagnes de Monalisa”,  y también hizo alusión a los vinos de Importadora Gloria, a los vinos de California y Australia.

Otra cosa que descubrió Alicia es que las mujeres son su núcleo fuerte de clientes. Cuando sus congéneres descubrieron que detrás del nombre de la tienda (Mr.Vino) había una mujer muchas se hicieron clientes y en algunos casos envían a sus maridos para comprar los productos que ellas eligieron. “Son sus secretarios nomás ya”, dice picaronamente.

El nombre de Mr. Vino al comienzo lo asociaban con un varón. “Una vez –cuenta Alicia- entró un señor y le preguntó enérgicamente como se llamaba el dueño. Pedro le dije, utilizando el nombre de mi hijo”. Es que nuestra entrevistada es dueña de una humildad admirable, nunca presume de nada, siempre luce como para el trabajo, con la cara lavada, nada de tacos altos, nada de ropa elegante. Es que su vida está dedicada a su sueño, la tienda de vinos.

“No hay plan B”, dice con decisión dando a entender que es la única vía que tiene para salir adelante. Atiende la enoteca de 10:00 de la mañana hasta las 22:00, con algunos intervalos al mediodía para ver su hijo de 10 años. “Estoy cansada, trabajo sábados y domingos pero negocio nuevo es así. Lloré al comienzo porque tuve que fingir que todo estaba bien, hoy ya da gusto recordar que estamos en el octavo mes. Es grande la presión, pero nunca llegué a pensar que podría cerrar o que no iba a funcionar. Esta todo para funcionar, tenemos vino, estamos nosotras que te atendemos con la mayor humildad, la gente ya empieza a apreciar que las botellas están bien acostadas, no somos como esos que te atienden en otra parte, somos diferentes, esa es la diferencia, me anima más”.

¿Cuáles son tus proyectos a futuro?

Yo quiero abrir otra tienda, en otro barrio, siempre vino, quiero darle trabajo a la gente y mi otro sueño es poner un Wine Bar, vino y comida, pero no comida muy elaborada, porque la estrella siempre va a ser el vino, comida en tamaño más reducido probablemente, claro que si tenés hambre pedís o tres y te vas a llenar.

Aparte están las enomáquinas, que te sirven automáticamente 30, 60 y 120 ml. Y podes probar infinidad de vinos, pero son muy caras. Están Brasil y Colombia pero no puedo comprar de Brasil, tengo que comprar de Italia directamente pero cuesta conseguir el servicio técnico, traer y que te instalen. Pensé también en abrir una tienda de vinos y espumantes y abrir hasta más tarde porque me di cuenta que acá pasan los muchachos a las 10 de la noche  y me preguntan si tengo copas porque toman en el auto. Hay un público hasta más tarde, porque el que compra vino ya compra todo su cupo nadie sale a comprar más vino. Solo los más pendejos. Son más jóvenes están rondando hasta más tarde, salen de la facultad, antes de un asado y me piden sugerencia de vino. Las ideas van cambiando porque el público va cambiando.

Alicia Wine, es en realidad Alicia Sosa Salinas, tiene 33 años, un hijo de 10. Se graduó de nutricionista en la UNINORTE. Realizó el curso de Sommeliers en la Asociación Brasileña de Sommeliers en San Pablo. Si bien ejerció su profesión de nuticionista algunos años, su verdadera ocupación es ser propietaria de una tienda de vinos. Está soltera, y con un desparpajo que le es característico suele decir a los cuatro vientos que le cuesta conseguir novio.

Para los interesados, aquí le pasamos el dato (para los interesados en comprar vino, se entiende).
MR. Vino
San Martín 1563 casi Federación Rusa
Teléfono 3285730
mr.vinopy@gmail.com

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por Gastro

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