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La doctora Stella Benítez Leite, de la Sociedad Paraguaya de Pediatría. En el seno de esta entidad están debatiendo los efectos que causan a la salud los Organismos Genéticamente Modificados.

Primero, la forma en que afectan los plaguicidas y los transgénicos a la alimentación y salud humanas; segundo, el dominio absoluto de lo transgénico en la producción alimentaria mundial; tercero, la casi nula acción de nuestras autoridades y por último el supino desconocimiento de la población acerca de estos temas. Si se suman todas estas preocupaciones puede entenderse el nivel de alarma que implican y la necesidad de crear conciencia al respecto.

“Estoy asustada”, dijo en un momento la doctora Stella Benítez Leite, de la Sociedad Paraguaya de Pediatría, al exponer acerca de los efectos que causan en la salud los agrotóxicos y los productos transgénicos. Fue durante un panel realizado en el Hotel del Paraguay, organizado por varias instituciones y organizaciones civiles para discutir sobre el tema ¿Sabemos que estamos comiendo?.

En el seno de la Sociedad Paraguaya de Pediatría se analizó el tema en base a los estudios e investigaciones internacionales que existen en la materia, para tratar de discutir desde un punto de vista académico los efectos causados a la salud por las OGM (Organismos Genéticamente Modificados), especialmente en la población más vulnerable como lo constituyen los niños.

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Soledad Martínez, de Slow Food, exhibe un pequeño y común arbusto que abunda en los patios y jardines. Tiene alto grado en proteínas y son comestibles. Un recurso al que deberíamos apelar para un consumo sostenible.

“En Paraguay hay poco o nada de investigaciones, deberíamos estudiar más. Epidemiológicamente, por ejemplo, dónde se ven más malformaciones, dónde hay más cáncer y si están en relación o no con algo. Porque las causas del cáncer son miles, uno puede nacer con predisposición a tener esa enfermedad, pero puede tener un disparador, que podrían ser un estado inmunológico, una depresión, radiaciones o los plaguicidas”, nos dijo la doctora Benítez Leite.

“Tenemos que estudiar más, enfatizar en nuestro modelo productivo. No se puede negar que con tres millones de hectáreas que se cultivan cada año en el país se esté usando plaguicidas en forma intensiva”.

“Por todos lados nos bombardean con informaciones y me preocupa no tener el conocimiento adecuado de ello. Nuestra peor falencia es el desconocimiento. No hay estudios adecuados, pero lo que se evidencia es que hay mayor cantidad de cáncer que antes y no sabemos nada”, agregó.

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Un afieche alusivo a la campaña para el Consumo Sostenible.

Los defensores de la utilización de agrotóxicos y productos transgénicos argumentan que no hay estudios científicos que puedan demostrar que exista una relación directa de causa a efecto entre el uso de esos productos y sus posibles consecuencias. “No se puede experimentar en seres humanos por eso no podemos llegar al máximo nivel científico, los estudios se basan en experimentación con animales o estudios epidemiológicos, pero si uno tiene tan solo la duda, deberíamos precavernos. Existe duda no lo uso”, dijo finalmente.

Normalmente, para determinar la nocividad de los agrotóxicos se analizan sus consecuencias inmediatas, por ejemplo si los afectados tienen o no problemas en la piel o en las vías respiratorias, pero no se analizan las consecuencias a largo plazo. Ahora también se considera que los plaguicidas y los transgénicos podrían ser disruptores endócrinos es decir son capaces de alterar el equilibrio hormonal y de generar la interrupción de algunos procesos fisiológicos controlados por hormonas, o de generar una respuesta de mayor o menor intensidad que lo habitual.

Durante el evento realizado en el Hotel del Paraguay, también habló Inés Franchesquelli para reclamar acerca de un proyecto de ley que obligue a los productores y comercializadores de alimentos que incluyan en el etiquetado de los productos referencias acerca de si contienen o no elementos transgénicos.

“La gente no sabe lo que estamos comiendo, estamos cautivos de la ingesta de alimentos transgénicos. Nos han pasado por encima. Cuatro empresas controlan las semillas en el mundo, 6 empresas controlan la venta de venenos y plaguicidas, 6 empresas controlan las exportaciones, industrialización de alimentos. Todos los alimentos que consumimos tienen proteínas de soja o maíz, saborizantes, grasa vegetal hidrogenado, aceite de maíz o de soja transgénico, manteca industrial, grasas industriales, conservantes, etc”, argumentó.

A su turno, Soledad Martínez, representante de Slow Food dijo que existen alternativas saludables para el consumo sostenible. En ese orden de cosas mencionó que el principio del Kilómetro 0, es uno de los métodos más plausibles ya que establece que la mejor alimentación que uno puede realizar es la que se encuentra en su propio entorno y que el alimento no tenga que trasladarse grandes distancias para ser consumidos.

También alentó el apoyo a los pequeños agricultores que se dedican a la producción orgánica, es decir que no utilizan agrotóxicos en sus plantaciones, y al respecto informó que se realizan periódicamente ferias en la capital dónde concurren los pequeños productores para vender su mercancía directamente a los consumidores. Reclamó también el rescate de nuestra cultura alimenticia que se va perdiendo fundamentalmente a raíz del monocultivo.

La jornada realizada en el Hotel del Paraguay se enmarca en la campaña denominada ¿Sabemos que estamos comiendo?, que está llevada adelante, entre otras por las siguientes organizaciones: Cámara Paraguaya de la Producción Orgánica y Agroecológica, Asociación Paraguay-Orgánico, Red de ONGs del Paraguay, Red Rural de Organizaciones Privadas de Desarrollo, Sociedad Paraguaya de Toxicología, Sociedad Paraguaya de Pediatría, Asociación de Productores Orgánicos, Ecofinca, Karu Mbegue y Asociación de Consumidores del Paraguay.

El tema es profundo y amplio por lo que es difícil abarcarlo en un nota periodístico. Lo importante, es comenzar a crear conciencia acerca de la necesidad de debatir al respecto.

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